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Trash Mind

Voy a inaugurar una sección. No sé lo que durará ni si seré constante pero voy a intentarlo.

Mi cerebro tiene una serie de sinapsis neuronales que me llevan a encontrar canción o vídeo para casi cualquier situación de mi día a día y estas asociaciones suelen ser bastante frikis, kitsch, bizarras y -en ocasiones- terroríficas.

Todo esto ha llevado a que en casa hayamos acuñado el término trash mind o trash brain (cerebro basura… ¡Bazura!) para definir estos momentos.

Y como es algo cotidiano voy a empezar a apuntar estas referencias y conexiones y a contarlas por aquí a ver qué va saliendo.

Inauguramos el primer día por toloarto

De El Bosco a… ¡Amistades Peligrosas!

Sí, amiguis…

Esta imagen que desconocía es la grisalla que aparece en las tablas de El Jardín de las Delicias cuando se cierran. Una representación de la creación del mundo.

Me enseñan eso y mi trash mind me hace ponerme a cantar -en cuestión de milisegundos- lo siguiente: “Entonces dijo Dios, hágase la luz y la luz se hizo y la llamó día y a las tinieblas noche y en la noche estaba yo…”

Siguiente viñeta: Buscar el vídeo, subir el volumen y volver a los 11 años.

¡Feliz domingo!

Todas somos unas pringadas

Para mí la televisión siempre ha tenido un efecto balsámico.

Mi memoria es eminentemente audiovisual y para cada momento hay un vídeo memorable que rescatar… Siempre te vas a encontrar gente que no conoce a las vecinas de Valencia o que no rezó en el baptisterio (y aquí pido perdón por enlazar a algo en lo que sale Cárdenas).

Lo que llamamos telebasura a mí me apaga el cerebro y os aseguro que es una cosa sanísima para descansar, desconectar y volver a la realidad con las pilas recargadas. Unas cañas cualquier tarde de semana o el vermú de los domingos tienen el mismo efecto. ¡Maravilla!

Si nos vamos al apartado series pues soy bastante devoradora… Me da igual ocho que ochenta y no me pongo exquisita. Me he visto los mayores bodrios del mundo y tan feliz, oye.

Ahora con las nuevas plataformas debo decir que en mi casa apenas se ve la tele. Alguna tarde que yo pongo el gallinero de Telecinco como ruido de fondo mientras pico notas de prensa de mi Oriente asturiano, pero el resto del tiempo las series y los vídeos del interné ocupan nuestro tiempo.

Llevo una temporada larga fascinada con cierto grupete de jóvenes (10-15 años menos que yo… lo que viene siendo otra generación) que manejan mis mismas referencias audiovisuales y me tienen… ¡Loca! ¡Encantada! ¡Son un sueño!

Por poneros un ejemplo: Me tragué las dos temporadas de La Casa de Papel en un suspiro y en estos veinte minutos del primer episodio de la serie que acaba de estrenar Soy Una Pringada me encontré más mala leche y más clarividencia que entre tanto tiro y tanto tópico mal disfrazado.

Me gustó La Casa de Papel, que conste. Esto es otra cosa.