Despedidas

Una de las facetas más ocultas y menos difundidas de la República Oriental del Uruguay, entre tantas, es su pasión y tradición de carnaval. El viajero que aterrice en estas tierras entre enero y febrero se sorprenderá sin duda alguna por la cantidad de actuaciones, concursos y desfiles que llenan todos los barrios de Montevideo, y que le dan a las noches de verano la banda sonora del inconfundible soniquete de los coros murgueros.
De los sonidos carnavaleros, el candombe (herencia africana superviviente de los años en que la ciudad era puerto de esclavos) tal vez sea el más removedor, el que con los repetitivos toques se mete dentro y logra acompasar las pulsaciones con el “chico”, “repique” y “piano”, los tres tamaños de tambores que antes de comenzar a sonar necesitan una puesta a punto ceremonial al calor de las hogueras.
Ayer se celebraba el centenario de la creación de la figura del “intendente municipal”, una especie de alcalde, y Montevideo se puso de tiros largos. Tarta de cumpleaños gigantesca para cientos de personas, actividades deportivas cortando la Avenida 18 de Julio desde las 6 de la tarde, actuación de los chicos de “Agárrate Catalina” (murga ganadora del carnaval 2008) y cierre estelar con la música “del negro” Rubén Rada, fuegos artificiales y desfile de agrupaciones de candombe.
Yo ayer cené con la gente de la Agencia a modo de ¿despedida? y de la que volvía a casa, con una extraña mezcla de euforia por el regreso cercano y de pena por la gente que dejo atrás, me encontré con la explanada municipal llena “hasta las manos” de gente cantando y bailando con el horroroso edificio de la intendencia como telón de fondo.
Desde una esquina de la “vereda” (acera) me mantuve observando, igual que he hecho durante todo el año, el ir y venir de familias sonrientes, de gente que a pesar de no tener “un mango” (ni un duro) llenan las calles a la menor oportunidad de disfrutar en grupo, del paisanaje humilde de la capital de este “paisito” que ha hecho que el Sur deje de ser un sueño para pasar a formar parte de mi piel.

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