Que veinte años no es nada… Y ocho, menos

Me dio la tarde de repasar fotos y de cruzar el charco y desembarcar en el Río de la Plata ocho años después.

Varias casas y ciudades más tarde (Madrid, Oviedo, Llanes, Barcelona, de nuevo Oviedo y -al fin- Xixón) me encuentro esta foto de un paseo por la rambla montevideana cuando me fueron a visitar mis padres. Era abril de 2008 y el verano austral se tornaba otoño, luminoso aún, como este noviembre en el que parece que me aposiento después de idas y vueltas.

Esa foto me ha recordado inevitablemente a esta otra:

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Tiene apenas un par de semanas y constata mi cambio de escenario. La vuelta al mar como telón de fondo de lo que suceda a partir de ahora.

No dejo de encontrar similitudes.

Y sonrío.

Dicen que las comparaciones son odiosas. Yo creo que a veces son un regalo.

 

 

Dragones para todas

Aunque lo parezca, este no va a ser un escrito friki sobre el subidón final de la última temporada de Juego de Tronos (que menuda manía de dejar toda la artillería para los dos últimos). Podría, pero no lo voy a hacer porque para eso ya hay gente que se dedica a ello y a mí hoy -con esa serie como excusa- me apetece hablar de otras cosas sin hacer muchos spoilers.

Podría escribir un perfil de los personajes femeninos y su (tremenda) evolución o ponerme a especular sobre lo despistados que deben haberse quedado algunos seguidores (masc. pl.) de la serie. Pero al final creo que voy a hablar de dragones.

Daenerys se viene arriba y no es para menos. La mother of dragons galopa los cielos montada en un inmenso bicho alado que escupe fuego y eso, qué queréis que os diga, tiene que empoderar de la leche.

Hace un par de meses fuimos al teatro a ver Hamlet y Ofelia se marcó un “¡Buenas noches Dinamarca!” digno de cualquier saludo de gran orquesta verbenera. El dragón de Ofelia se disfrazó de locura, pero la sensación de venirse arriba me recuerda a la de las heroínas de la serie-excusa de este post.

“¡Buenas noches Winterfell!” claman Samsa y Arya y “¡Buenas noches Islas del Hierro!” suelta Asha Greyjoy. Ni os cuento lo que gritan las womonas de Dorne, la yaya vengadora, Brienne de Tarth o Cersei aka la jefa. Lyanna Mormont va sobrada con su oso. Ellas galopan dragones de colores variopintos, con garras fieras, aliento abrasador y toda la fuerza posible.

Mi hermana Helena, Nel y sus amigas ofrecieron un maravillo “¡Buenas noches New York!” a lo llaniscu. A ella, a mi hermana, le ha costado un montón dar con su dragón pero ahora que lo tiene agarrado sé yo que no hay quién la apee de él. Mi otra hermana, Inés, no deja de buscar el suyo y ya tiene el título de Domadora Oficial de Bestias Mitológicas. Mi madre prefiere a Bonnie y a Mafa, pero no sabe que con cada foto y cada texto que nos manda para el Diario lo que hace es alimentar a sus dragones, porque tiene una manada entera.

Mi socia le ha puesto transportín de bebés al suyo para no perderse ni una y a la enana le saldrán escamas de esas transparentes que protegen por siempre y la harán ignífuga.

Yo llevo el cuerpo pintado de alas.

Tengo amigas que dejan curros explotadores y ponen sus rizos en movimiento para dar el siguiente paso sin mirar atrás, que dejan novios toxina, que salen y se acuestan al alba para dormir dos horas y levantarse después a sacar p’alante el negocio familiar.  Tengo amigas madres solteras que jamás estarán solas o que cuidan familiares enfermos y se descuidan todas con la mejor de las sonrisas. Algunas dan caza a los malos, otras son grandes profesionales que están trabajando de lo que sea o viviendo en el límite de los mapas porque hay que tirar y hasta las hay que se han construido una casa con sus propias manos…

Tengo amigas dragón.

Yo este verano lo que quiero es…

Yo este verano lo que quiero es robar un banco. Lo llevo planeando tantos veranos que ya he perdido la cuenta de la cantidad de millones que podría haber conseguido si lo hubiese puesto en marcha cada vez que lo he pensado. Además, haría tantas cosas con el dinero… Desaparecería, viajaría sin parar, escribiría por fin… Hasta tengo pensada a la compinche ideal para que me acompañe. Mañana la lío.

Mi barrio en julio y en agosto se queda vacío. Todo el mundo tiene un pueblo al que escaparse, bien al norte o bien al sur. Nunca hay pueblos al este ni al oeste, parece ser, en mi barrio al menos. Todos los vecinos desaparecen, cierran la mercería y la panadería, el kiosko y hasta se esconden los dos perros callejeros y el gato. Se apaga todo resquicio de vida si no fuera por Pili la del banco y por mí, que trabajo todo julio y todo agosto por el simple placer de caminar sola por la calle al calorcito de las aceras. Las vacaciones me las pillo en mayo o en octubre, que son los meses con las noches más mágicas del año.

La cuestión es que de este verano no pasa. Estoy harta de cruzarme cada día del estío con Pili (ella sale del metro cuando yo entro) y saludarnos con media sonrisa. Mañana la voy a parar y le voy a decir: “Oye Pili, ¿no estás harta de trabajar todo el verano ahí sola? Tienes que coger unos aburrimientos de campeonato en el banco”

-Pues tienes toda la razón hija, que encima este año estoy con el aire acondicionado estropeado y no me hacen caso en la central. Parece que ni existo.

-¿No me digas? ¡Eso es de locos! Nada, nada… Tengo la solución para que se enteren de quién eres si quieres que te la cuente.

-¡Por supuesto! A ver… Empieza…

-Yo este verano lo que quiero es robar un banco. Y mira por donde… ¡Tú trabajas en uno!

 

Texto presentado al concurso de verano de Helvéticas Escuela de Escritura

Puertas

PuertasPongamos que te dicen que no cruces esa puerta, que hay otras, que habrá más, que vendrán algunas nuevas con distintos paisajes detrás. Pero esa… Esa olvídala, como si no existiese.

Que la curiosidad mata a los gatos. Que las siete vidas tienen fecha de caducidad.

No mires por la mirilla si es que la tiene ni intentes husmear por el hueco de la llave. No hay nada que te pueda interesar. ¡Con la de opciones que se te ofrecen al otro lado de esas otras hermosas manillas!

Elige entre todo menos lo que realmente quieres. No será lo que deseas, pero algo será. Confórmate. No queda otra.

¿O sí?

Tal vez puedas abrirla aunque te digan que está cerrada con mil candados. Tal vez sea como esas portillas de las casas de los pueblos pequeños que nunca jamás echan el pestillo, aunque por fuera parezcan infranqueables.

Simplemente acércate, prueba.

Quizás puedas cruzar al otro lado y descubrir que -al menos- sigues aquí.

Carnicería vegetal

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Todos los días se sentaban en el banco del jardín después de desayunar. Daba igual que hiciese frío, que lloviese o que la helada de la madrugada aún estuviese presente; nadie les quitaba sus cinco minutos en silencio antes de comenzar la jornada.

Aquella mañana, el magnolio chino amaneció desnudo. Los pétalos de sus flores -poderosas y adelantadas a la primavera- habían quedado esparcidos por el suelo debido al vendaval de la noche anterior. La bruma del alba no presagiaba nada bueno.

-Parece una carnicería vegetal- dijo él.
-¿Hago croquetas para comer?- contestó ella.

Nada como la cotidianidad para ponerlo todo en su sitio.