Postpleaños para…

fer“Es un tío serio”, es lo primero que se te viene a la cabeza si acabas de conocerle.

Mantiene las distancias. Observa. Analiza. Calibra. Mide. Acumula datos y sopesa variables. En silencio. Siempre en silencio o como mucho hablando sin estridencias, en un tono suave y tímido pero firme, nada seco.

Calladín. Sigiloso. Curioso.

“Es un tío coherente”, será lo que dirás más adelante si ya le conoces de hace tiempo.

Lo que no le gusta, no le gusta. Punto. Lo que defiende… A muerte. Es coherente de una forma férrea, que casi asusta porque el resto ni nos planteamos que eso sea alcanzable. ¿Si algo no está claro? Pues arruga el ceño, aprieta labios, chasquea la lengua y le dará un par de vueltas. Pero es que si algo no está claro terminará volviéndose oscurísimo porque el muy cabrón se equivoca poco. Defiende aquello en lo que cree, explota a veces y se muerde la lengua más de lo que muchos piensan.

“Es mi amigo”, dirás al tiempo.

Y entre birras, sidras, pinchos, tapas, música, vinos, kilómetros de carretera-tren-avión, bailes (sí, llegado el momento es capaz de despegar los pies del suelo y lo hace muy bien) y hasta abrazos fraternales demostrará que debajo de esas mil capas en las que lo entierra tiene un corazonzazo enorme para los colegas.

Cínico, friki, ácido, hacker, irreverente, constante, perverso, inteligente, borde, filósofo, estudiante, pedante, leal, vacilón, graciosillo, cabezón, guapo, frío, sencillo…

Hay muchas más cosas suyas que me gustan y otras tantas que detesto, pero hace ya mucho que decidí quererle tal cuál venía, con todo. Hace ya mucho que cruzó la barrera del amigo, la del socio, la del compañero, la del hermano… Hace ya tiempo que se instaló a un costado y que no es nada de lo de antes y lo es todo a la vez.

Da igual el ser, el estar…

Lo que importa es que vamos juntos.

¡Felicidades Fer!

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