Archivo de la etiqueta: barcelona

Bienvenidas

No ver más que nubes y lluvia en quince días. Mayo como octubre. El frío sólo fuera.

Me he vuelto con todo y me traje dos hermanas extra en el coche (Nadius, Cris, nunca voy a poder agradeceros lo suficiente los kilómetros). Creo que he logrado que se enamoren de Asturies y de lo que han visto por el camino. Tengo la sensación de que me acompañaron para asegurarse de que me quedaba en buen puerto y se llevaron buenas sensaciones, paisajes, paisanaje, verde(s), sidra y quesu. Volverán. Volveré. Seguro.

Desempaca cajas. Lava ropa. Ordena habitación. (Re)Haz la maleta y tira de nuevo. 1 de junio. Llegada a destino (temporal, como siempre).

Entre medias muchu pueblu, mucha casa, muchos reencuentros y calma.

Alguien me dijo hace unos días que me dejase de despedidas y pensase en los «holas». Y en ello estamos ya.

Dejando el cuerpo por los rincones.

Saboreando bienvenidas.

 

Azoteas

Edward-Hopper-Rooftops-1926

Nada mejor que cambiar de perspectiva de vez en cuando. Buscar un muro, una silla o una piedra a la que subirte permite ver las cosas de manera diferente. Elevar la cámara por encima de la cabeza para apuntar sin mirar suele mejorar la foto.

Todo es cuestión de puntos de vista.

Las azoteas de Hopper (el cuadro de la imagen es «Rooftops», de 1926) me dejaron clavada al suelo durante varios minutos. El murmullo y el ruido de las centenares de gallinejas presentes en la masificada exposición fue desapareciendo poco a poco. Sus azoteas me llevaron a las mías.

Y es que la perspectiva cambia también cuando cambias de calles. Las de mi pueblo por las de Barcelona, éstas por las de Madrid… Empaparse de contrastes ayuda a amplificar la visión general. Cuando pisas otras calles te las llevas irremediablemente a todas las que pisarás después.

Lo mismo pasa con las azoteas. Nada mejor que subirte a las de otras, aunque sea sentando el culo en una plaza a las 4 de la mañana. Así después, cuando miras, miras con tus ojos y los suyos. Este último fin de semana las azoteas de varios nuevos amigos -desvirtualizados a ritmo frenético- se han incorporado a mi vecindario particular. Cuando desde la mía no se vea nada claro, seguro que en las suyas encuentro una buena perspectiva que añadir al repertorio.

 

El año pasado había tocado Antonio López con resultado de microrrelato.

Nómada

polonio

Me he puesto a echar cuentas y en los últimos cinco años he vivido en siete lugares diferentes, en ocho casas con sus ocho habitaciones correspondientes:

  • 2007: Salamanca + Valladolid
  • 2008: Montevideo (Uruguay) —> Dos apartamentos distintos
  • 2009: Madrid + Oviedo + Poo de Llanes
  • 2010: Poo de Llanes
  • 2011: Poo de Llanes
  • 2012: Barcelona

Todo esto sin contar las excursiones, viajes y demás escapadas a lugares que se han convertido en imprescindibles para entender cómo soy: Roma, Buenos Aires, Usuhaia, Península Valdés, los dos Cabos (el Polonio en la foto y el Peñas en la tierrina), Gijón, Santander, Toro, Málaga, Sevilla…

Me declaro yonqui de los momentos de cambio, de los puntos suspensivos y del recomenzar continuo.

Tras cuatro meses en Barna toca asentarse en un nuevo emplazamiento (serán entonces siete lugares pero con nueve casas y nueve habitaciones diferentes) y las perspectivas de mudanza siempre me generan dualidad de ánimo.

Alguien me dijo hace muchos años que «el dolor no está en el futuro sino en los cambios, pero es imposible esquivarlos si se pretende avanzar».

Así que a ello vamos. A seguir p’alante.

Por suerte la compañía (tanto de los que están aquí como lejos) es inmejorable y así las cosas sólo pueden salir bien 🙂