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Atragantada

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Anoche me acosté con la soledad  hecha bola en la garganta y me desperté con una canción atravesada. Remolonas siguen ambas rondándome todo el día (semanas, años)

Que ya tienes edad de no hacer caso ni a los runrunes ni a las ansias, pero se me atragantan los fastos y los fatos, los desahucios, las pérdidas, las ganas

Me traspasa andar con prisas, las despedidas, los emoticonos de caca, muchas lecturas, las tres últimas palabras, un mimo o cumplir los horarios

Se me atraganta la vuelta a casa de madrugada con las llaves en modo puño americano «por si las moscas»

Se me atoran cosas que pasan, los dos años de paro de una, los llantos al otro lado del teléfono, los «porquelascosasnodeberíanserasíperononosquedaotra» o los «nomepuedoquejar»

¡Quéjate! ¡Baila!

Anoche me acosté con la soledad hecha bola en las tripas y me desperté con la spathiphyllum en flor, encantada en su rincón sin sol, esplendorosa

Que este fin de semana toca mar, toca casa, tocan silencios, toca playa aunque diluvie, tocan olas que se lleven melancolías

Tocan olas que me dejen mis runrunes y mis ansias

 

Reconciliación

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Parece que ya puedo decir claramente que me he reconciliado con esta ciudad. Ha cambiado mucho respecto a la que viví entre 2000 y 2002, pero tampoco yo soy la misma. No las tenía todas conmigo hace (casi) un año cuando regresé, pero a día de hoy sé que no me equivoqué para nada, que estoy donde tengo que estar… Y más importante: Quiero estar aquí.

Puede que ésta os parezca una afirmación tonta, pero llevo años de tumbos porque siempre pensé que nunca estaba donde quería estar y entonces había que buscar nuevo destino y volver a empezar todo el rato. Pero -por el momento- tengo que hacer muchas cosas que sólo puedo hacerlas con la tranquilidad que me da estar aquí, con la familia y la mar cerca. Ayuda sin duda tener un curro de supervivencia que no me quita el sueño ni me da quebraderos de cabeza y que me deja el tiempo libre necesario para hacer lo que quiero.

No tengo cerca ni a la mitad de la gente que me importa, pero el contacto se mantiene y «están» de mil formas.

No es mi ciudad favorita del mundo pero ya tengo bar favorito.

Es una ciudad que me permite andar lenta y pensar despacio, pero que me deja acelerarme tan a gusto que me puedo ir a dormir con unos puntos suspensivos colgando de la comisura de los labios.