Archivo de la etiqueta: feminismo

Islas

castrospoo

Hay rincones que sólo ellas ven
y escondrijos que sólo a ellas muestro,
zonas suyas que sólo yo intuyo
porque sólo a mí se enseñan

Hay sonrisas estrepitosas
que llenan los abismos compartidos
y llantos en torrente
que desvelan pasarelas ancestrales

Hay bailes, rizos, sueños,
sudores y secretos

Hay abrazos, broncas, celos,
miradas y lamentos

Hay distancia, kilómetros, tiempo,
sangre y besos

Hay un isla en cada habitación propia
y un salón en común,
nuestro archipiélago

A “Las warriars”, por convertir juntas cualquier espacio en un mundo entero

Ella fue la primera

Haca varias semanas hice un breve repaso a los libros que me han acompañado a lo largo de mi vida, una especie de recorrido literario paralelo a mi crecimiento, por llamarlo de alguna forma. Repasándolo después me di cuenta de que faltaba alguien muy importante para explicar mi relación con las letras y con la poesía en concreto: Gloria Fuertes.

gloriaEl colegio al que yo iba organizaba siempre un festival de obras de teatro y villancicos en Navidad. Recuerdo perfectamente la primera vez que vi “Las Tres Reinas Magas”. La representaron los de un curso superior al mío y era genial: tres chicas protagonistas, con voces propias, contra la guerra. Y el texto era de una mujer que no cumplía con nada de lo que se esperaba de las mujeres: la voz ronca, las corbatas, el pelo… Obviamente, de aquella no pensaba yo tanto en estas cosas, pero mirándolo con distancia puedo afirmar claramente que Gloria Fuertes fue el primer ejemplo femenino alternativo en el que puse lo ojos.

Y después de los programas de la tele y las poesías infantiles llegó el descubrir su voz madura y lo cierto es que siempre tengo pendiente leerla con más calma, con más tiempo, con la dedicación que se merece. Porque le debo mucho más de lo que soy consciente.

Nací Para Poeta O Para Muerto

Nací para poeta o para muerto,
escogí lo difícil
-supervivo de todos los naufragios-,
y sigo con mis versos,
vivita y coleando.

Nací para puta o payaso,
escogí lo difícil
-hacer reír a los clientes desahuciados-,
y sigo con mis trucos,
sacando una paloma del refajo.

Nací para nada o soldado,
y escogí lo difícil
-no ser apenas nada en el tablado-,
y sigo entre fusiles y pistolas
sin mancharme las manos.

Más mujeres: Violeta Parra
Natalia Ginzburg

 

Microficciones 1: Cuerpo

piernas en madrid

Hace meses que tapé todos los espejos de la casa con telas de diferentes colores que había ido acumuando de mis viajes. Hay quiénes se traen imanes, pero yo colecciono trozos de mantas, alfombras, sedas, etc.

No sucedió ningún hecho concreto que me hiciese tomar la decisión de taparlos, sino que fue más bien un cúmulo de sensaciones y sentimientos que me ahogaban desde hacía mucho. Miraba cada mañana mi reflejo en el del baño y no me veía a mí. Sólo había arrugas, grasa, granos, pelos, manchas, canas… Frente al del ascensor me retocaba el maquillaje y el flequillo, y en cada escaparate me recolocaba la ropa. Debía ser perfecta pero nunca lo estaba completamente.

Entonces, una mañana decidí tapar todos los espejos de mi casa. Empecé a bajar la vista en el ascensor y a ignorar los escaparates. Poco a poco fui descubriéndome de otra forma, conociéndome. Siempre había pasado completamente inadvertida entre conocidos y ajenos a pesar de lo perfecta que era, o tal vez por eso me ignoraban o no lograba trabar verdaderas amistades. En cuanto dejé de mirarme todo el tiempo a mí misma, la gente a mi alrededor comenzó a verme y a querer estar conmigo. Como si reapareciese después de haber estado años encerrada a solas con mi reflejo en el doble fondo de todos los espejos.

Hoy al salir de la ducha una turbonada de aire frío ha abierto la ventana del baño y la corriente se llevó la tela correspondiente (un tapiz gambiano de colores amarillos, naranjas y negros). El espejo quedó al desnudo. Como yo. Y me vi allí, por fin real. Por primera vez. Im-perfecta.

Ejercicio del taller de escritura. Anteriores escritos aquí

Un ramito de violetas

violeta

No voy a hablar de Cecilia (hoy al menos) pero el título de su canción me parecía muy apropiado para presentar aquí a Violeta Parra. Chile es una de mis cuentas pendientes y la culpa la tienen mi amiga Lulita y Víctor Jara. Pero es que Víctor no hubiese sido quién fue sin la existencia de esta mujer y todo el trabajo que realizó para recopilar, conservar, dignificar y difundir el folklore de su tierra.

Violeta fue muchas mujeres a la vez: artista, agitadora cultural, empresaria, madre, etnógrafa, amante, campesina. Tan luchadora, fuerte y reivindicativa como frágil. Y es ese aspecto de bloque de piedra dura de sus desiertos a punto de resquebrajarse el que atrapa, el que la acerca a cualquiera que escuche atentamente sus letras.

No soy objetiva cuando se trata de hablar del Sur del Sur y me apasiona el folklore en todas sus vertientes, así que ella no podía dejar de ser una de las primeras en aparecer en esta especie de recopilación-constelación de mujeres que me acompañan sin importar tiempos ni distancias.

Y no voy a poner “Gracias a la vida” (que es de Violeta, aunque seguro que la tenéis en la cabeza con la voz de Mercedes Sosa) porque a pesar de que puede que sea su canción más conocida, me resulta terriblemente triste. Esa monotonía de la música, la parsimonia y la letra son incapaces de esconder la enorme soledad. Para mí esa canción es un último lamento camuflado, un último grito sin aliento. Siempre me ha sonado a testamento.

Por eso prefiero esta otra y maldecir por fin lo blanco, los estatutos del tiempo y la primavera. Apretar los puños, fruncir el ceño y rasgar cualquier tela que nos cubra a base de rabia suelta.

Podéis descargar la película “Violeta se fue a los cielos” desde aquí

Más mujeres: Natalia Ginzburg

Saldando deudas

El ejercicio de esta semana para el taller trata de elegir a una de las autoras de las que hemos leído textos y ficcionar una página de su diario. Repasando los trabajos de estas diez semanas me he dado cuenta de que he descubierto a muchas escritoras y no he hablado de ninguna. Igualmente, cada tanto me encuentro con alguna poeta, música, fotógrafa, cineasta, dibujante o nueva amiga de las que nunca hablo. Hay muchas a las que regreso constantemente de las que tampoco digo nada. He decidido cambiar esa rutina y cada semana intentaré hablaros de alguna mujer que me guste, que me haya marcado por lo que hace, dice o muestra.

Creo que es la hora de comenzar a saldar mis deudas así que inauguro nueva categoría en este blog: “Mujeres”.

Empiezo con la autora que he elegido para mi ejercicio: Natalia Ginzburg

Su texto “Los zapatos rotos” -que se encuentra dentro de Las pequeñas virtudes. Acantilado, Barcelona, 2002- es de esos que relees con ganas, que parecen simples pero que están llenos de detalles, de trasfondos, de dolores y rutinas. Sin saber nada de su biografía, en sus letras ya se intuye a una mujer fuerte, soñadora y a la vez tremendamente realista. En cuanto se rasca un poco en su historia se confirman las sospechas.

Su mirada sólo invita a leerla entera.

natalia ginzburg

Y es que encima te dice “hola” desde su Turín de 1949 y te regala frases con las que te sientes plenamente identificada hoy 3 de julio de 2014, a dos semanas de cumplir los 32, la misma edad que tenía ella cuando escribió esto:

Mi oficio es escribir, y lo sé bien y desde hace mucho tiempo. Espero que no se me interprete mal: no sé nada sobre el valor de lo que puedo escribir. Sé que escribir es mi oficio. (Texto “Mi oficio”, también dentro de Las pequeñas virtudes)