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Galeano

Nació en 1940, cuando el mundo no esperaba nada bueno.
Según los astrólogos, aquella mañana el sol y la luna estaban de visita en la casa de los peces, lo que explica su tendencia a meterse en líos.
Su signo, Virgo, es responsable de su fastidiosa manía de perfección y su ascendente, Libra, tiene la culpa de sus insaciables hambres de mundo.
Con el paso del tiempo se hizo evidente que no servía para nada.
Había nacido gritando gol, como todos los bebés uruguayos, y quiso jugar al fútbol.
Fue un mamarracho.
Después quiso ser santo.
Peor.
Intentó dibujar y pintar pero nunca consiguió nada digno de ser mirado.
Cuando se convenció de que era un inútil total, se hizo escritor.
Un niño de una escuela de Salta le envió el único mensaje estimulante que ha recibido en su vida: «Seguí escribiendo que vas a mejorar».
Y en eso anda.
Cada día camina por la costa de Montevideo, donde nació y creció, y ella, la costa, lo camina, caminante caminado, y en esos lentos ires y venires van y vienen las palabras que le caminan adentro.
Lo grave es que las deja salir.

Eduardo Galeano (Autobiografía leída por el autor ayer en Montevideo)

 

Hay días en los que da gusto el trabajo, los compañeros, las palabras, el café y el zumo, el teléfono, la niebla, el invierno, la rambla

Silencio

20 de Mayo
Marcha del Silencio
Porque acá también desaparecieron muchos
Porque muchos eran de otros países
Porque los de acá también desaparecieron en otros países
Porque las fotos en alto muestran rostros jóvenes, de mi edad o poco más, pelos largos, bigotes, camisas de cuadros, gafas y barbas como las de algunas fotos familiares
Porque no los siento ajenos
Porque sigue sin saberse donde están, porque siguen desapareciendo testigos claves para los juicios, porque sigue vigente una ley de «caducidad» que respalada a los asesinos
Porque este país chiquito tiene una voz profunda y honda que me emociona y sorprende

La Cinemateca

cinemateca

Se apagan las luces
Silencio
Tacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacataca
El ruido del cansado proyector llena la inmensa oscuridad de la sala mientras el público aguarda espectante
Tal vez sea una de mis sensaciones preferidas, de esas que te transportan en el tiempo, a todas las horas de tu vida que has pasado en un cine y a las que quedan por llegar, de esas que te traen cientos de imágenes (a una velocidad de 24 por segundo) y miles de momentos gozosos
Cinemar, Ayala, Brooklin, Clarín, Van Dyck, Roxy… y ahora la Cinemateca
Creo que sería capaz de vivir en cualquier ciudad siempre que ésta tuviese un cine al que convertir en una segunda casa
Silencio
Se encienden las luces
Y sales a la calle con una sonrisa extraña, atesorando un secreto que sabes sólo tuyo

El Mercado del Puerto

mercadodelpuerto

Reloj no marques las horas…
Así, detenido parece el tiempo en el Mercado del Puerto aunque los puestos de pescado brillen por su ausencia.
Tal vez sea uno de los edificios antiguos mejor conservados de la ciudad y su atmósfera te transporta a historias más arrabaleras y portuarias.
Suenan guitarras y compases, huele a carne a la parrila y el calor de las brasas crea un micro-clima que sólo se soporta gracias al «medio y medio» que refresca las gargantas y anima el alma.
Salud y un beso

¡Cielos!

anochecer de rambla

Los cielos rojos son los mismos acá y en la otra orilla
y son más especiales cuanto más cerca del mar se esté.
También son lo mismo los domingos acá y enfrente,
porque parece que alguien se ha olvidado de poner las calles por la mañana
y no hay omnibus ni autos
y los comercios de 18 dejan la reja echada
y los turistas están en la playa
y las familias en los parques o en la rambla.

Y yo he encontrado una pequeña válvula de escape en la Cinemateca para ver pelis viejas, pelis raras… ¡Todas las pelis que pueda! Ahí organizan el Festival de Cine de Montevideo en marzo y voy a intentar sacarme un abono para ir más a menudo. Además tienen una distribuidora alternativa que funciona como si fuese La Barraca de Lorca y recorren el país montando proyecciones casi en cada pueblo… Puede dar para un reportajillo, ¿no?