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Bienvenidas

No ver más que nubes y lluvia en quince días. Mayo como octubre. El frío sólo fuera.

Me he vuelto con todo y me traje dos hermanas extra en el coche (Nadius, Cris, nunca voy a poder agradeceros lo suficiente los kilómetros). Creo que he logrado que se enamoren de Asturies y de lo que han visto por el camino. Tengo la sensación de que me acompañaron para asegurarse de que me quedaba en buen puerto y se llevaron buenas sensaciones, paisajes, paisanaje, verde(s), sidra y quesu. Volverán. Volveré. Seguro.

Desempaca cajas. Lava ropa. Ordena habitación. (Re)Haz la maleta y tira de nuevo. 1 de junio. Llegada a destino (temporal, como siempre).

Entre medias muchu pueblu, mucha casa, muchos reencuentros y calma.

Alguien me dijo hace unos días que me dejase de despedidas y pensase en los «holas». Y en ello estamos ya.

Dejando el cuerpo por los rincones.

Saboreando bienvenidas.

 

Nómada

polonio

Me he puesto a echar cuentas y en los últimos cinco años he vivido en siete lugares diferentes, en ocho casas con sus ocho habitaciones correspondientes:

  • 2007: Salamanca + Valladolid
  • 2008: Montevideo (Uruguay) —> Dos apartamentos distintos
  • 2009: Madrid + Oviedo + Poo de Llanes
  • 2010: Poo de Llanes
  • 2011: Poo de Llanes
  • 2012: Barcelona

Todo esto sin contar las excursiones, viajes y demás escapadas a lugares que se han convertido en imprescindibles para entender cómo soy: Roma, Buenos Aires, Usuhaia, Península Valdés, los dos Cabos (el Polonio en la foto y el Peñas en la tierrina), Gijón, Santander, Toro, Málaga, Sevilla…

Me declaro yonqui de los momentos de cambio, de los puntos suspensivos y del recomenzar continuo.

Tras cuatro meses en Barna toca asentarse en un nuevo emplazamiento (serán entonces siete lugares pero con nueve casas y nueve habitaciones diferentes) y las perspectivas de mudanza siempre me generan dualidad de ánimo.

Alguien me dijo hace muchos años que «el dolor no está en el futuro sino en los cambios, pero es imposible esquivarlos si se pretende avanzar».

Así que a ello vamos. A seguir p’alante.

Por suerte la compañía (tanto de los que están aquí como lejos) es inmejorable y así las cosas sólo pueden salir bien 🙂

Ritmos y cadencias

mafalda

Tan lista como repelente otras veces, Mafalda se preguntaba: «Y al final, ¿cómo es la cosa? ¿Uno lleva la vida por delante o la vida se lleva por delante a uno?». Maldita sensación esa de la urgencia de los acontecimientos, eterna la seguridad de que mil cosas pasan mientras tú estás en otro sitio disfrutando de otras cosas, personas, paisajes…

Siempre te vas a perder algo.

La felicidad nunca es completa.

Se pueden dar pasos para que la vidad no nos arrolle, para acompasar nuestro ritmo y la cadencia de nuestra caminata al trajín que nos rodea y que -en muchas ocasiones- nos agobia, paraliza, trastorna, enferma… Cuando eso pasa lo mejor es tomar aire y, después de un tiempo prudencial, seguir siempre.

Porque echar a andar es tan fácil como ir colocando un pie detrás de otro.

Los pies no se preguntan quién arranca primero. Simplemente avanzan.

Próxima parada: Barcelona…

… Seis meses después de escribir esto.

Pingüinos

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Tengo claro desde hace mucho cuál es mi animal favorito. Soy tan patosa como ellos. El calificativo de «pájaro bobo» siempre me ha provocado mucha ternura. Pero mi predilección por estos animalejos -el de la foto fue retratado en Península Valdés (Argentina) en noviembre de 2008- tiene más de filosófica que de estética.

Me explico.

Todo surgió en una habitación enana de un colegio mayor cualquiera. Paredes llenas de pósters, tochos de apuntes en la mesa y buena música. Hace más de diez años. Posiblemente fuese una tarde de otoño-invierno como hoy. Domingo seguro. Dejadme echarle un poco de literatura al asunto que los domingos siempre han sido días propicios para divagar.

Tenemos el escenario y la ambientación. Añadidle un toque de humo que en estos casos siempre acompaña bien.

¿Los personajes? Dos novatas recién llegadas a la universidad y un veterano con ganas de terminar de una vez la rutina de clases y exámenes. Buenos amigos aún a pesar del tiempo y las distancias. Terminan de ver una película. «El pingüino también es mi animal del poder», dice él y lanza al aire la pregunta de si saben por qué esas aves no vuelan. Risas, cachondeo y él que se mosquea un poco. «Ya vale que os estoy hablando en serio», protesta.

Posiblemente la conversación dio mucho de sí y fue realmente divertida en aquellos momentos pero voy al grano y resumo.

Los pingüinos no vuelan porque se les olvidó que pueden.

Si eso se traslada a la existencia de cada uno y se aplica al día a día se puede interpretar como que todos somos pingüinos. No es que no puedas hacer algo, sino que simplemente lo has olvidado. Así que ponte las pilas, sacúdete los miedos y adelante. Cambia la expresión «no quiero arriesgarme» por la de «voy a atreverme».

Hace poco que recordé que puedo volar así que en eso ando. Con una mezcla de miedo y ganas. Paralizada a ratos y excitada otros. Pasadas las dudas sólo se puede sonreír y seguir caminando.

La decisión está tomada.

La cuenta atrás en marcha.