Yo y mis libros

18 de abril. Recibo un whatsapp de mi antiguo redactor jefe del periódico regional para el que trabajé más de dos años. No sé ni cómo han conseguido este número si lo cambié cuando me fui. ¿No los había bloqueado a todos? El mensaje es breve: “Toraño, ¿qué tal tu vida? Vamos a hacer un especial para el Día del Libro y me faltan firmas femeninas. Algo simple. Recuerdos de infancia, un par de recomendaciones para tías, nada serio. Si te sale algo de aquí al día 21 mándamelo directamente”.

20 de abril. Domingo. He currado Jueves Santo y sábado. Todos mis amigos que viven fuera están en el pueblo y yo me despierto aquí, con resaca y sola. El tío que me traje anoche a casa se ha ido. Mejor. Estoy cabreada. Los domingos sólo se salvan con vermú, sexo o escribiendo. Está claro lo que me toca. ¿Por qué no hacer la reseña que me piden del periódico?

21 de abril. Whatsapp de nuevo: “Gracias Torañina. Mail recibido”

23 de abril. Mi firma no aparece por ningún sitio. Mi texto tampoco. Dos mujeres entre quince opiniones de “peso” sobre literatura. Elena Poniatowska recibe el Premio Cervantes. Es la cuarta mujer a la que se lo conceden. Mi mirada literaria femenina y yo decidimos abrirnos una birra. Es miércoles y termino pedo. ¡Salud!

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TITULAR: “Un par de recomendaciones para tías, nada serio”

Entradilla: Celebro el Día del Libro volviendo a escribir en este periódico a pesar de que juré que nunca lo haría por motivos morales, pero como sólo me piden que hable de literatura que es un tema “algo simple” no veo problema y me presto a completar su cuota de firmas femeninas.

Texto: Tengo cuatro años y acabo de aprender a leer. Me sé de memoria los libros de Astérix que coleccionan mis padres. Los fines de semana uno de mis tíos me examina de los personajes y no fallo ni uno. ¿Lectura infantil? ¿Lecturas para niñas? ¿Restricciones de edad en los libros? En mi casa no se enteran de una y no revisan lo que leo a medida que crezco. ¿Que me engancho a una serie de un vampiro que investiga casos por todo el mundo y que en vez de morder cuellos bebe sangría y se pilla unas borracheras memorables? (El personaje es el vampiro Kasimir, que tenía una novia mortal que se llamaba Paloma, de Carlos Puerto) ¡No hay problema! En la biblioteca pública los tienen todos. Allí pasamos las tardes de los viernes al salir del colegio.

Nunca pude con los libros de los Cinco así que mi primer año de campamento (tenía 11 recién cumplidos) metí en la mochila “La Historia Interminable”. Había visto la película y encontré el libro en casa. ¡A dos colores! No me lo podía creer. Leía de noche y en el autobús de las excursiones y en los ratos libres de después de cenar. Sorprendentemente hice amigos y amigas que aún hoy duran. No fui la “rara” de aquel campamento, cosa que si me pasaba en el pueblo. Debería recordar aquel verano por el trauma de que me bajó la regla lejos de casa, pero lo único que se me viene vívamente son las páginas de aquel libro en rojo y verde. Al año siguiente cargué con “El Señor de los Anillos”. Ya no había vuelta atrás.

Durante la adolescencia me enganché a Jordi Sierra i Fabra -y reivindico la trilogía de ciencia ficción que abre “…en un lugar llamado Tierra”- y devoraba prácticamente todo lo que caía en mi mano. Me enamoré de Bécquer y de Alfonsina Storni a la vez. ¿No es la adolescencia la edad por excelencia para sufrir de languidez romántica decimonónica? ¡Así anduve de amores platónicos! Y algo colea me temo.

Los libros que mandaban en clase de Literatura en el instituto no eran suficientes. De carrerilla puedo citar: “La conjura de los necios”, “El señor de las moscas”, “El perfume”, “Un mundo feliz”, “El nombre de la rosa”, “Demian”, “1984”, “Crónica de una muerte anunciada” (el único de Gabriel García Márquez que he podido terminar), la biografía de Víctor Jara escrita por su viuda Joan… Y una edición breve de “Cumbres borrascosas” en inglés porque una profesora loca que tuve se empeñó en que podría… ¡Y pude!

Lo que mi padre lee se lo pasa a mi madre y viceversa. Siempre he visto más de un libro en sus respectivas mesitas y de ahí pasaban a mis manos o a las de mis hermanas, que debo confesar que actualmente leen más que yo.

De la etapa universitaria recuerdo claramente el enganche a Bukowski, “En el camino” de Kerouac, “Fantasmas” de Paul Auster, “Sostiene Pereire” de Tabucchi y un viaje a Lisboa con mi primer novio “serio”. La poesía de Mario Benedetti entró de puntillas para quedarse. Y un poema de Andrés Neumann -”Septiembre”- que es perfecto. “La mujer habitada” de Gioconda Belli (me temo que es la primera mujer que nombro) me removió los cimientos. Dejé a aquel novio y me leí “La Tregua” (de nuevo Benedetti) viviendo en Montevideo, donde conocí y entrevisté a Belli. Cerré un círculo.

Después estuve sin escribir ni leer en serio durante años porque el trabajo en este periódico me consumía y me hizo aborrecer cualquier cosa que tuviese que ver con las letras. Llevo más de dos años de desintoxicación y he vuelto poco a poco, aunque la ficción ha dado paso a ensayos y a mucha historieta y cómics (novela gráfica le dicen para que parezca más serio, cuando lo es tenga el nombre que tenga).

Para conocerme ahora creo que os interesará saber que de lo leído en el último año rescato: “Cómo ser mujer” de Caitlin Moran, “Teoría King Kong” de Virgine Despentes, “Nada más importa” y “Pajarillo” de Aitor Saraiba, “Contrato con Dios” de Will Eisner, “Manifiesto contrasexual” de Beatriz Preciado, “¿Dónde está mi tribu?” de Carolina del Olmo, “Ready” de María Salgado, los fanzines “Temporal” que sacan mi hermana y su chico y los “Feminizines” de Bombas para Desayunar. Además de muchos artículos de prensa denominada “alternativa” y de muchas entradas de blogs en las que me siento más representada que en mil y un artículos de la prensa seria.

No se den por aludidos.

¡Feliz Día del Libro!

Primer ejercicio del taller de escritura “Escribo, luego soy. Ficción autobiográfica”

4 comentarios en “Yo y mis libros

  1. Pero no te lo publicaron finalmente? ¡Me ha encantado tu evolución! En muchas cosas tuvimos y tenemos un proceso parecido. También nombro a Poniatowska en un escrito. Interesante curso de autoficción! 🙂

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