Operación bikini

Hace tiempo que una está reconciliada con su cuerpo (grande), con sus dimensiones, con los pelos (que cuanto más te olvidas de ellos más invisibles se vuelven) y con los cánones de belleza y estereotipos de género impuestos socioculturalmente.

Pero eso no quita que controle mucho lo que como porque la mayoría de las veces lo hago por ansiedad y no por necesidad; o que haya cambiado algo mi forma de comer en los últimos meses (menos pan, algo de proteína al desayuno, más fruta…) por el tema de los riesgos de hipertensión, diabetes y el mirar a largo plazo… Todo sin renunciar a las cañas, salir habitualmente a cenar o comer fuera y no saltarme el postre… Las comidas que te abrazan por dentro son lo mejor para la salud mental.

A lo que voy… Todo esto viene porque esta semana me han hecho análisis. Llevaba tres años sin pasar por el médico y una va teniendo una edad en la que te dicen que no puedes hacerle la puesta a punto más veces al coche que a tu cuerpo serrano.

Conclusión:  estoy gorda y al próximo que me diga que debería adelgazar por salud le voy a estampar en la cara los resultados de estos análisis. Me los han dado hoy y me ha dicho mi médico que son “de libro”. Vamos, que lo tengo todo (papi) pa enmarcar.

Y como está ahí el verano os cuento mi operación bikini particular:

Imagen de Anna N. Kjellgren

Trash Mind

Voy a inaugurar una sección. No sé lo que durará ni si seré constante pero voy a intentarlo.

Mi cerebro tiene una serie de sinapsis neuronales que me llevan a encontrar canción o vídeo para casi cualquier situación de mi día a día y estas asociaciones suelen ser bastante frikis, kitsch, bizarras y -en ocasiones- terroríficas.

Todo esto ha llevado a que en casa hayamos acuñado el término trash mind o trash brain (cerebro basura… ¡Bazura!) para definir estos momentos.

Y como es algo cotidiano voy a empezar a apuntar estas referencias y conexiones y a contarlas por aquí a ver qué va saliendo.

Inauguramos el primer día por toloarto

De El Bosco a… ¡Amistades Peligrosas!

Sí, amiguis…

Esta imagen que desconocía es la grisalla que aparece en las tablas de El Jardín de las Delicias cuando se cierran. Una representación de la creación del mundo.

Me enseñan eso y mi trash mind me hace ponerme a cantar -en cuestión de milisegundos- lo siguiente: “Entonces dijo Dios, hágase la luz y la luz se hizo y la llamó día y a las tinieblas noche y en la noche estaba yo…”

Siguiente viñeta: Buscar el vídeo, subir el volumen y volver a los 11 años.

¡Feliz domingo!

Todas somos unas pringadas

Para mí la televisión siempre ha tenido un efecto balsámico.

Mi memoria es eminentemente audiovisual y para cada momento hay un vídeo memorable que rescatar… Siempre te vas a encontrar gente que no conoce a las vecinas de Valencia o que no rezó en el baptisterio (y aquí pido perdón por enlazar a algo en lo que sale Cárdenas).

Lo que llamamos telebasura a mí me apaga el cerebro y os aseguro que es una cosa sanísima para descansar, desconectar y volver a la realidad con las pilas recargadas. Unas cañas cualquier tarde de semana o el vermú de los domingos tienen el mismo efecto. ¡Maravilla!

Si nos vamos al apartado series pues soy bastante devoradora… Me da igual ocho que ochenta y no me pongo exquisita. Me he visto los mayores bodrios del mundo y tan feliz, oye.

Ahora con las nuevas plataformas debo decir que en mi casa apenas se ve la tele. Alguna tarde que yo pongo el gallinero de Telecinco como ruido de fondo mientras pico notas de prensa de mi Oriente asturiano, pero el resto del tiempo las series y los vídeos del interné ocupan nuestro tiempo.

Llevo una temporada larga fascinada con cierto grupete de jóvenes (10-15 años menos que yo… lo que viene siendo otra generación) que manejan mis mismas referencias audiovisuales y me tienen… ¡Loca! ¡Encantada! ¡Son un sueño!

Por poneros un ejemplo: Me tragué las dos temporadas de La Casa de Papel en un suspiro y en estos veinte minutos del primer episodio de la serie que acaba de estrenar Soy Una Pringada me encontré más mala leche y más clarividencia que entre tanto tiro y tanto tópico mal disfrazado.

Me gustó La Casa de Papel, que conste. Esto es otra cosa.

Carnaval

Ayer salí de recadinos por la tarde y me sorprendió un desfile de charangas por el centro de Xixón. Tambores y turutas, silbatos y bailes. Eso sí, todos con polar bien abrigados que estamos en la semana más fría del año, con nieves y lluvia… Pero se sale igual, truene o diluvie.

Ese machacón ritmo me llevó a varios sitios a la vez y me emocioné toda… ¿Qué? A una a veces le pasan estas cosas sin motivo… Sales a por una estantería para la cocina y terminas con los ojos como charcos a puntito del desborde.

Por un lado me llevó a Montevideo. 2008. Candombe, desfile de Llamadas, murga, murga, murga… Es curioso como con el paso de los años los recuerdos del Sur ya no son tan nostálgicamente lánguidos sino que se han convertido en una especie de caramelinos sabrosos. Aparece algo que me recuerda al Uruguay o a Argentina y sonrío; saboreo el momento que me trae la memoria y sigo.

Por otro, me fui directa a Llanes, a todos los carnavales de frío, lluvia y viento de mi vida. Daba igual; había que salir. Metías dos jerséis y unos leotardos debajo del disfraz y listo. ¡Lo que nos daban después esos disfraces y los de las fiestas del cole para jugar el resto del año! Creo que a lo que más nos gustaba jugar a mis hermanas y a mí era a disfrazarnos… Y a montar coreografías, pero esa es otra historia.

Disfraces hechos con bolsas de basura en el campamento, cartulinas para gorros, gomaespuma y espráis, disfraces en el colegio mayor cuando me fui a estudiar, disfraces en el grupo de teatro, disfraces de pareja, pintura de cara y purpurina, disfraces en el curro en cuanto tengo ocasión…

Por último, me trasladé a Madrid hace unas semanas, a celebrar cosas guapas con la tropa y a comprobar una vez más que si nos juntamos lo pasamos bien hasta subidos a una teya, como bien dice Emi.

Podría decirse que este año el carnaval iba a pasar de puntillas, sin pena ni gloria, pero los tambores de ayer con algo se encontraron así que me voy a comprar una peluca de andar por casa.

¡Que la vida es un carnaval!

Dije culo

Había un chiste que contaba mi padre a menudo cuando éramos pequeñas y que terminaba con un rotundo “dije culo” que nos hacía partirnos de risa. Alguna confusión con los búhos había de por medio.

Estas cosas del cuerpo y de la escatología nunca fallan a la hora del cachondeo y siguen causando risitas, incluso cuando creces.

Pues hoy os quiero yo hablar de culos a cuenta de un paseillo que me acabo de dar por una tienda de ropa de sobra conocida en la que hace siglos que no me compro unos pantalones porque no tienen talla para mi rotunda posadera.

Dando un vuelta de reconocimiento, sin intención de comprar nada, me encontré con que tienen un montón de mesas con vaqueros que llegan hasta la talla 46. ¿Ven bien mis ojos? ¿Etiqueta de “loves curves”? ¿En serio? Y a menos de 20 lereles… Necesito unos para el curro que los desgasto como si fuesen de papel.

Ingenua de mí me voy para el probador con seis pantalones (negros, azules, grises desgastaos… ¡Festival!) de la 44 y la 46, que una está acostumbrada a llevar en cada sitio una talla diferente. Tengo pantalones desde la 42 (sin ir más lejos unos comprados la semana pasada en otra gran cadena de ropa popular) a la 46, camisetas y jerseys de la S a la L, pijamas de la L a la XL…

Lo que no me esperaba es que los de la 44 no pudiesen pasar de la rodilla y los de la 46 sí llegasen a su sitio con serio riesgo de algún corte de circulación.

Calculando a ojo, digo yo que esa talla 44 le servirá a alguna mujer cuya talla real sea una 38-40 y claro… ¡Así andamos! Que si una no estuviese reconciliada con sus curvas hace ya tiempo menuda llorera que me hubiese pillao de camino a casa.

A cambio, mi culo y yo nos hemos ido a sentar a una terraza (sé que hace ya un frío del carajo pero con las estufinas se está de lujo), nos hemos pedido una caña, nos la han traído acompañada de un pinchín de tortilla y unas aceitunas y nos lo hemos tomado a la salud de todas las que sé que me van a entender.

Sistas, apuntaos lo de “dije culo” y a disfrutar.